Masajista erótico Barcelona

Hola, tengo 27 años. Hasta hace unos meses me consideraba un hetero curioso, hasta que conocí a mi masajista buenorro particular. Trabajo en unas oficinas y mi actividad física son los cuarenta minutos de gym cada dos días. Tengo las cervicales doloridas tras horas y horas de ordenador, pero lo que no aguantó mi cuerpo, fue la mudanza de un colega. Sentí un dolor intenso al cargar un mueble enorme sobre una furgoneta. Al día siguiente, una compañera de trabajo me recomendó un masajista muy bueno que estaba cerca del trabajo. Me puse en contacto con él por teléfono y quedamos en su casa ese mismo día. Terminé el trabajo y me dirigí a la dirección que me indicó. Estaba cansado, me apetecía relajarme y comprobar que se sentía en manos de un profesional del masaje. En apenas media hora llegué al domicilio y algo impaciente llamé al timbre. Tardó un rato en abrir y cuando lo hizo me sorprendió su aspecto.

Me invito a entrar y a pasar a una habitación ambientada para la meditación. Tenía un hilo musical con música de relajación y por las paredes de la habitación

colgaban fotografías de paisajes naturales bellísimos. Una camilla dominaba el centro del cuarto, al lado había un armario con un montón de frascos al fondo y poca decoración más. Desde la puerta mantuvimos una conversación amistosa, más bien de protocolo. Le interesaba como supe de sus servicios y si tenía buenas referencias sobre él. Después pasamos al tema profesional, quería saber que me ocurría y donde se centraba la zona dolorida. Le expliqué cómo me produje la lesión y le señalé la zona lumbar, interesado me pidió que me quitara la camisa mientras se acercaba y arrimaba sus manos a mi espalda. Después de explorar la zona y de hacer varias preguntas me indicó que parecía que tenía una contractura muscular en la zona lumbar. Me preguntó si notaba que me tiraba la nalga y el muslo y mi respuesta fue afirmativa.

Me explicó que me daría un masaje suave para no dañar la zona y que mejor si lo hacía completo. Mi ignorancia en el tema era enorme y no tenía ni idea que era un completo, asentí con la cabeza esperando sus instrucciones. Me dijo que me fuera desvistiendo y me cubriera con la toalla que se encontraba sobre la camilla, mientras él se excusaba un momento. Me fui quitando la ropa hasta quedarme con el bóxer, agarre la toalla y no supe que hacer, y espere. Al entrar me miro y sonrío, me dijo que era mejor que me quedara desnudo del todo ya que la lesión era parte de la zona de la nalga. Un tanto apurado me quité la prenda que me quedaba y tapé mis partes con la minúscula toalla, el como buen profesional se encontraba de espaldas preparando los utensilios necesarios. Me tumbé en la camilla e introduje la cara en un orificio que tenía, al momento él ya se encontraba a mi vera dándome una serie de consejos y advertencias. Sus manos entumecidas comenzaron a resbalar por mi espalda, eran suaves como las de una mujer, aunque con las dimensiones de un hombre de su envergadura. Sus dedos largos realizaban unos círculos en la zona cervical mientras con las palmas de la mano presionaba el músculo hacia dentro. Estaba encantado y algo nervioso, no paraba de hablar y de advertirme si me dolía en algún momento.

Me ordenó que si no era necesario no hablara y que me relajara, obedecí y me relajé. Sus manos recorrían cada punto de mi espalda, comenzando por la zona cervical hasta la lumbar. Al principio se concentró en la parte superior, pero cada vez más sus manos bajaban más hacia la cintura. Recorrían de la columna a las lumbares y viceversa con movimientos de una gran técnica. Se desplazaba alrededor de la comilla buscando la ubicación precisa para el siguiente movimiento, mientras yo hacía rato que me encontraba en el séptimo cielo. Aflojó el nudo de la toalla y la dejó suelta sobre mi trasero, se colocó a la cabeza de la camilla y volvió a untarse aceite en las manos. Sus manos recorrían desde la parte de arriba de las dorsales hasta la parte de cintura o dorsales exteriores, a cada lado de mi espalda. Los movimientos eran repetitivos en ambas partes, pero a la vez iba subiendo de intensidad. Sus manos recorrían la zona hasta la cintura y al llegar a ella se separaban sus dedos para apretarme la zona lumbar y terminar por cerrar su mano sobre parte de mis nalgas. Las friegas eran repetitivas y con mayor intensidad que las anteriores, la zona lumbar era la afectada y se notaba que ya tenía las manos puestas en el problema.

Me encontraba muy bien, me provocaba un poco de dolor en la zona dolorida, pero me estaba encantando y me sentía muy relajado en sus manos. Para no estorbar cambié la postura de mis brazos y los puse estirados alrededor de mi cabeza y con las manos sujetando los extremos de la camilla en cada esquina. Él seguía a lo suyo, concentrado en sus manos que apenas abandonaban la zona de la cintura, haciendo incursiones en la parte de arriba de mis bonitas nalgas. Sus manos resbalaban subiendo la inclinación de mis nalgas duras para terminar juntando los dedos anulares donde comienza la raya que separa las nalgas. Luego se desplazaban hasta el exterior de ellas para subir de nuevo hacia la cintura, y así una y otra vez.

Seguía disfrutando del magreo hasta que parte de su cuerpo rozó con mi mano, noté su muslo en contacto con mis dedos y al momento se desplazó dejando mi mano en una zona de su cuerpo que desprendía calor a raudales. Al momento comprendí que tenía rozando mis nudillos los genitales del masajista. Una extraña sensación invadió mi cuerpo, no sabía si apartar la mano o dejar que el contacto siguiera como si nada. Volvió a moverse y el contacto volvía a ser con su muslo y así durante un tiempo. Sus manos poderosas se centraban en el final de la columna y sus largos dedos se introducían por debajo de la toalla y apretando con fuerza en la vuelta a la cintura. Yo seguía pendiente de mi mano, sus manos se separaron un instante para doblar la toalla y dejar la parte superior de mis nalgas descubiertas. Ahora sí que sus manos abiertas de par en par recorrían sin tapujos mi trasero, mientras volvió a desplazarse para llegar mejor con sus manos a mi trasero y volví a sentir el calor de su entrepierna, pero esta vez hubo algo más. De sus genitales, algo duro se posó sobre mi mano, ardía y por poca imaginación que le pusiera, era el miembro en plena erección del masajista.

No sabía cómo reaccionar, su miembro se rozaba con mi mano y era imposible que él no se diera cuenta de la situación. Quise levantar la cabeza y mirar si realmente era lo que me imaginaba o por lo contrario era fruto de mi imaginación, pero no me atreví. Era demasiado evidente, el hombre disfrutaba con el masaje. Notaba su miembro con mucha nitidez, era de bastante envergadura y notaba que estaba dura como una barra de hierro. Me acordaba que al verlo por primera vez me fije que parecía que no llevaba ropa interior, llevaba un pijama blanco, típico de hospital.

Me acuerdo que observé con bastante claridad el bulto de su entrepierna, pero no quise ser indiscreto y no me fijé más. Era un hombre de unos 40 años, pelo media melena canosa pero bien cuidada. Alto, cuerpo atlético y agraciado físicamente. Dudo que tuviera problemas para encontrar pareja fuera cual fuera su preferencia. Opté por no ser brusco y mantuve la mano tal y como estaba, la sensación era algo difícil de explicar, sabía que el masajista estaba excitado tocándome y a raíz de pensar en su excitación, comencé a ponerme cachondo. El contacto apenas duró unos minutos más, se desplazó al lateral y doblo la toalla. Mi nalga izquierda estaba descubierta y ahora algo que antes creía normal, ahora era un mundo de erotismo que me excitaba. Una mano en mi cadera y la otra en la nalga comenzaron a desplazarse por mi piel, sus dedos afilados rozaban el centro de mis nalgas mientras mi polla comenzaba a reaccionar. Suavemente sus manos abiertas se desplazaron hasta mi muslo y terminar en la rodilla. Una vez allí regresaban por el interior de mi muslo hasta llegar donde el músculo pierde el nombre. Se centraba con las dos manos en la parte inferior de mi nalga, bajaba unos centímetros al muslo y volvía a subir para repetir el ciclo. El pulso era de infarto y mi polla empalmada me apretaba contra la camilla, neces

 

itaba un agujero para ella, como la que tenía la cabeza. Se desplazó al lado contrario y realizo el mismo ejercicio, aunque esta vez sus dedos rozaron más la zona prohibida. Estaba claro explotaría la situación en cualquier momento, no me atrevía a sacar la cabeza del agujero y ninguno de los dos fue capaz de articular palabra. Mi excitación era enorme y sospechaba que él estaría peor que yo, pero dudaba. Y si lo estaba malinterpretando… No quise hacer nada y seguí aguantando.

Después de un buen rato se desplazó a mis pies, noté sus manos untadas en aceite en mis muslos. El recorrido esta vez era desdela parte interior de las rodillas al final de los muslos, sus manos recorrían la parte interior de mis piernas de arriba abajo. Al llegar al final juntaba los dedos rozando cada vez más mi virginal agujero. Otra vez reiniciaba la maniobra, inconscientemente separé las piernas mientras realizaba una especie de suspiro que él captó al momento. Sabía el perro viejo que me tenía a tiro y me atacó. Sus manos abiertas esta vez no tendrían retorno, subían para darme placer. De su boca salía un improperio mientras sus manos apretaban mis carnosas posaderas. Apretaba con fuerza mientras yo introducía mi cabeza en el agujero hasta lo máximo que me permitía mi cuello. Mientras mi culo se alzaba unos centímetros de la camilla deseoso de algún tipo de placer desconocido. Una de sus manos se centró en mi culo, mientras la otra se introducía entre mis piernas para acariciarme los genitales. Doblé las rodillas y su dedo gordo lleno de aceite se introdujo en mi ano, se introdujo lentamente hasta el fondo y luego jugó y jugó sin piedad.

Estuvimos un rato en esa postura para luego soltarme y meterme dos dedos chorreando de aceite en mi culo. Me follaba con los dedos, mientras con la otra mano manoseaba todo lo que estuviera a su alcance. Me coloqué con el culo más en pompa mientras sus dedos entraban y salían de mi trasero. Después puso sus manos en cada nalga y abrió mi culo de par en par. Su cara se pegó a mi ano y comenzó introducirme la lengua. No podía aguantar más, estaba a punto de explotar. Me gustaba lo que me hacía, pero tenía una imperiosa necesidad de masturbarme, así que le pedí que parara. Ya boca arriba y después de cruzarnos miradas y algunas guarradas le pedí que me chupara la polla. Se desnudó por completo y puso su cara al lado de mi miembro. Agarró con ambas manos mi polla y se la introdujo en la boca. Succionaba arriba abajo, abajo arriba, sus labios carnosa oprimían mi piel mientras su mirada buscaba mi complicidad. Cerré los ojos sin creerme lo que me estaba sucediendo, era surrealista, pero estaba gozando como nunca. Estaba a punto de explotar, dejó su mano para que terminara el trabajo mientras el comenzó a lamer la piel desde mi abdomen al cuello. Su cuerpo se puso sobre el mío, nos frotábamos a la par mientras esperaba que en cualquier momento expulsara un chorro de semen.

Me besaba el cuello suavemente desplazándose hacia mi cara. Intentó besarme en la boca, pero no quise, mientras su mano aumentaba la intensidad y mi excitación era ya incontrolable. Nuestras caras se entrecruzaban, mientras de su boca salían palabras tiernas y sensibles. Insistía en pegar sus labios a los míos y la distancia de éstos era inexistente. Al final mi cuerpo se curvó, como si de una descarga eléctrica se tratase. Mi semen salpicaba nuestros cuerpos mientras de mi boca salían gemidos de placer. Sin defensas posibles por mi parte, su boca busco la mía. Mordió mi labio inferior mientras mi boca permanecía abierta de placer. Al final nuestros labios se fundieron en uno y un apasionado beso se transformó en un morreo consistente. No estaba acostumbrado, la lengua enorme de aquel hombre se introducía en mi boca buscando la mía. Se fundieron en una, mientras sus manos empapadas no de aceite, acariciaban mi cuerpo. Seguimos un buen rato acariciándonos y besándonos uno en cima del otro. Su miembro estaba desde el primer momento erecto y ahora rozaba con el mío flácido. Me susurró al oído la fantasía que deseaba, pero yo no estaba preparado para poder satisfacer sus demandas. A cambio le prometí algo que horas antes era impensable. Se sentó en la camilla y me preparé para cumplir mi promesa. Desnudo de rodillas en el suelo y con mi cabeza entre sus piernas mire la cara de aquel perfecto desconocido. Su cara desencajada por el deseo y su mirada penetrante me pedía que terminara con su agonía. Puse mis manos en sus velludos muslo y las fui desplaza hasta su miembro viril. Era gruesa, muy gruesa y de dimensiones normales. Moví las manos con movimientos lentos mientras observaba sus gestos, su cara seguía desencajada y de su boca salían barbaridades. Mis labios entraron suavemente en contacto con su polla, me fui introduciendo aquella polla en la boca. Mi lengua junto con mis labios recorría toda esa masa de carne, mis movimientos fueron subiendo de intensidad y mi masajista solo era capaz de articular vocales seguidas de algún gemido. Mientras las manos que antes me dieron tanto placer, ahora estaban agarrándome del pelo siguiendo cada movimiento de mi cabeza. Notaba las enormes venas llenas de sangre de su rica polla, estaba perplejo, disfrutando como nunca. Un suspiro profundo me avisó de la inminente eyaculación, el hombre se corrió a los pocos minutos.

Vídeo de un masaje erótico