El masaje Lingam

La palabra sánscrita para denominar el órgano sexual masculino es Lingam, y le da una connotación muy respetuosa, ya que significa Báculo de Luz que canaliza la energía y el placer.

 

 

 

El masaje Lingam tiene como propósito relajarte y conseguir aflorar tu lado más sensible. Este tipo de masaje fortalece los vínculos de intimidad que existen ente tú y tu pareja o tu masajista, también repercute directamente en algún trauma, experiencia o condicionamiento negativo que haya existido hacia el sexo.

Tomar un poco de lubricante sexual y esparcirlo tanto por el Lingam como por los testículos. Con mucha delicadeza, el masajista debe iniciar el masaje en los testículos y en el escroto, provocando que toda el área se relaje. Luego, se acaricia suavemente el hueso púbico o pélvico y el perineo. Cuando se llegue a esta masaje lingamzona hay que ser especialmente cuidadoso, pues el perineo (que se encuentra entre los testículos y el ano) es una zona que casi ningún hombre ha experimentado y puede llevar a sobresaltos.

Posteriormente, se procede a acariciar el cuerpo o asta del Lingam, variando la presión y la velocidad, para que el estímulo varíe de intensidad y resulte más placentero. Hay que recordar que el hombre estará asumiendo una posición pasiva que no necesariamente le es familiar, por lo que no hay que permitirle moverse.

En resumen,

El objetivo de este masaje es la relajación del hombre y la conexión con su parte más sensible, con su yo “femenino”; de forma que en este masaje los papeles de dominación habituales se invierten, siendo el masajista quien lleva las riendas de la situación. Esto no implica la existencia de una relación sexual entre masajista y cliente, porque la finalidad del masaje es la exploración de un nuevo tipo de placer, completamente independiente al orgasmo.

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